* A través del proyecto denominado HogäM’ui.
El maestro Tiburcio Cruz Lugo ha dedicado su vida a preservar e investigar la historia y riqueza cultural del pueblo hñähñu, también conocido como otomí. Esta cultura milenaria, anterior a la conquista española, se extendió originalmente desde las costas de Veracruz hasta los estados de Querétaro, Estado de México y Guanajuato.
En el estado de Hidalgo, la cultura hñähñu dejó una huella profunda: se estableció en 40 de los 84 municipios, siendo Ixmiquilpan el corazón de lo que hoy conocemos como el Valle del Mezquital.
La lengua hñähñu es una de las nueve variantes lingüísticas otomíes que pertenecen a la familia otomangue, y aún se habla en al menos 36 municipios hidalguenses. Sin embargo, la urbanización, el desplazamiento cultural y la falta de políticas lingüísticas efectivas han provocado una disminución acelerada de sus hablantes, así lo expone el maestro Tiburcio, quien el día de ayer lunes, 6 de octubre, realizó una invitación abierta a la población para acercarse a HogäM’ui, una organización dedicada a fortalecer la investigación y la enseñanza del idioma materno del Valle del Mezquital.
Pese a que el otomí está reconocido oficialmente como lengua nacional en la Ley de Derechos Lingüísticos de los Pueblos Indígenas, junto con otras 67 lenguas y el español, su número de hablantes ha disminuido. Lenguas como el náhuatl, maya yucateco, zapoteco, mixteco, tzotzil y tzeltal lo superan en hablantes activos.
Explicó que dentro del otomí existen múltiples variantes, cada una con sus particularidades fonéticas y geográficas, misma que, actualmente, luchan por no desaparecer. Algunas de las más conocidas son: Otomí del Valle del Mezquital, Otomí de las tierras altas, Otomí de Texcatepec, Otomí de Tlaxcala, Otomí de Querétaro, Otomí de Temoaya, Otomí de Tenango, Otomí de Tilapa
El maestro Tiburcio recuerda que, antes de ingresar a la primaria, tuvo que estudiar español durante seis meses. No porque quisiera dejar de hablar su lengua materna, sino porque era la única forma de comunicarse con sus maestros.
Durante décadas, la castellanización fue promovida como una herramienta para integrar a las comunidades indígenas a la “cultura nacional”, sin embargo, esta política resultó en la pérdida gradual de la lengua hñähñu y no mejoró significativamente las condiciones de vida en esas comunidades, como se prometía.
Ante la falta de materiales escritos en hñähñu durante su infancia, Tiburcio aprendió la lengua de su madre y de su comunidad, investigando por su cuenta y con la ayuda de otros interesados en su conservación. Para él, hablar hñähñu no es sólo comunicarse: es preservar una forma de ver el mundo
