Ixmiquilpan, Hgo., 21 de septiembre de 2026. Erick Muñoz Coyol y Víctor Ernesto López Reyes dieron un paso que marcará el resto de sus vidas: recibieron el sacramento del orden sacerdotal y se convirtieron en nuevos presbíteros de la Diócesis de Tula.

La ceremonia tuvo lugar el pasado 17 de septiembre, en la Parroquia de San Miguel Arcángel de Ixmiquilpan, donde la fe de la comunidad se convirtió en escenario de una celebración que reunió a quienes han sido parte de la historia vocacional de ambos jóvenes.
La ordenación fue presidida por Monseñor Juan Pedro Juárez Meléndez, obispo de la Diócesis de Tula, quien acompañó a los nuevos sacerdotes en este momento trascendental de su formación y servicio a la Iglesia.
Antes de recibir la ordenación, Erick Muñoz Coyol realizó su servicio pastoral en Jacala, mientras que Víctor Ernesto López Reyes estuvo vinculado a la comunidad parroquial de Tecozautla.
Por ello, hasta Ixmiquilpan llegaron personas de las comunidades donde ambos han compartido parte de su formación y experiencia pastoral.
Al término de la ceremonia, la comunidad católica de Ixmiquilpan ofreció un convivio para familiares, amigos y asistentes. La invitación estuvo a cargo del sacerdote David Botello Uribe, quien destacó el carácter hospitalario del municipio y la disposición de su comunidad para recibir a quienes llegaron desde otros lugares para acompañar a los nuevos sacerdotes.
En entrevista, el párroco David Botello Uribe consideró que la llegada de nuevos sacerdotes constituye para la comunidad católica de Ixmiquilpan un motivo de alegría, pero también una responsabilidad.
La alegría, explicó, está en recibir a quienes han decidido consagrar su vida al servicio de Dios y de las comunidades.
La responsabilidad está en acompañarlos con oración y cercanía durante el camino que ahora comienza.
El sacerdote explicó que la misión de Erick Muñoz Coyol y Víctor Ernesto López Reyes será, de acuerdo con la enseñanza de la Iglesia, “convertirse en otros Cristos” en medio de las comunidades a las que sean enviados por el obispo. Esto implica llevar adelante el ministerio sacerdotal, acompañar a las familias, atender a los fieles y caminar junto a las comunidades en sus distintas circunstancias.
Para Botello Uribe, una vocación sacerdotal no surge de un solo momento.
En muchas ocasiones puede nacer a partir del ejemplo de otros sacerdotes, pero también del encuentro personal con Jesús mediante la Palabra, la Eucaristía y la orientación recibida dentro de la propia familia.
Y es precisamente ahí donde, a decir del párroco, los padres tienen un papel importante.
Un “regalo de Dios” y una responsabilidad para la comunidad.






