• Sáb. Mar 7th, 2026

El Huarache

Voz y Huella del Mezquital

* Pero necesitan capacitaciones y seguridad.

Por más de 25 años, Tomás Martínez Corona ha dedicado su vida al campo. Desde temprano, cuando el sol apenas asoma sobre el Valle del Mezquital, toma su pala y su azadón para trabajar la tierra que le ha dado lo justo para vivir. Sus cultivos principales: Lechuga, perejil, rábano, brócoli y cilantro, lo que representa esfuerzo, inversión y amor por la agricultura.

“El campo es una inversión de tiempo y dinero”, dice don Tomás, un señor muy alegre. “Uno trabaja para que el cliente reciba calidad, porque eso es lo que busca cuando compra”.

Pero no todo depende del agricultor. El clima puede ser tanto aliado como enemigo. Granizadas repentinas, sequías prolongadas, exceso de agua o plagas fuera de control pueden echar a perder meses de trabajo. “Si no fumigas a tiempo, las plantas se pierden. No hay forma de rescatarlas».

Sin acceso a maquinaria propia, don Tomás depende de herramientas básicas y del alquiler ocasional de tractores o sembradoras. “Todo depende del tipo de trabajo y del terreno. No hay un precio fijo; uno busca lo que puede pagar”, pero él no se rinde.

Uno de los avances que ha podido adoptar es la siembra acolchada, una técnica que consiste en cubrir el suelo alrededor de las plantas para conservar la humedad, controlar malezas y prevenir la erosión. “Nos ayuda a ahorrar agua y cuidar más nuestras plantas. Tiene muchos beneficios”.

Don Tomás Martínez Corona cree firmemente en el potencial agrícola del Valle del Mezquital, pero también ve con preocupación cómo el campo pierde terreno frente al crecimiento urbano. “Donde antes se sembraba, ahora hay sucursales, salones, locales. Si no se hace conciencia de esa invasión al campo, ¿de dónde vamos a sacar una fruta o una verdura después?”, se pregunta.

Es por eso que hace un llamado urgente a las autoridades, ya que al campo también ha llegado la inseguridad. “Estamos expuestos a robos. Los jóvenes ya no quieren trabajar en el campo; muchos prefieren el dinero fácil, y eso nos pone en riesgo a los que sí trabajamos”, concluye.