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Rostros de mi pueblo

La historia de Teresita Monter y su Cocinita

Redacción El Huarache Oct 8, 2025 0

La Cocinita de Panales, un acogedor restaurante en Ixmiquilpan, nació luego del cáncer de mama que padeció la señora Teresita Monter Lugo, quien tras un duro tratamiento que la dejó sin economía, ella ha demostrado sus ganas de vivir.

Comenzó de a poquito, pero su fama por su buen sazón fue creciendo con el tiempo, por lo que al saber administrar cada peso que le dejaba su restaurante, fue extendiendo su negocio y, por supuesto, su menú, para darle gusto a sus clientes, quienes tienen por costumbre encontrar lo que buscan y quedar contentos.

Teresita viene de un linaje de mujeres que han sabido sobreponerse a las adversidades de la vida, sobre todo en situaciones fuertes de salud, como fue su caso.

La Cocinita, que se ubica en Panales, es uno de los sitios favoritos para desayunar y comer, no sólo para los ixmiquilpenses, sino también de personas que visitan Ixmiquilpan, porque aquí encuentran de todo: variados antojitos, enchiladas, chilaquiles, caldito de pollo, un buen mole, y diversos platillos según la temporada, como recientemente los chiles en nogada, típicos del mes patrio.

Además, mientras uno come, suelen presentarse algunos tríos de la región, quienes deleitan a los comensales con música tradicional, y en su interior se pueden apreciar obras de arte y artesanías, mientras que la señora Teresita o alguna de sus doce ayudantas, atienden con amabilidad y carisma.

“En la Cocinita sólo estamos mujeres que nos abrazamos y apoyamos entre nosotras”, dice doña Teresita, quien, no sólo tuvo que enfrentar la brutalidad del cáncer una ocasión, sino dos veces, es por ello que, al superar la enfermedad, agradece cada mañana que ella puede abrir los ojos y tener un nuevo día de trabajo.

Doña Teresita agradece el amor, la confianza y el apoyo de las mujeres que hoy están con ella, porque no sólo le ayudan a sostener su negocio, sino también a ella como persona, y saber que los empleos que genera representan un ingreso para sus familias.

Rostros de mi pueblo

Don Leonardo Arroyo tiene 80 años de edad, goza de salud y vive sin problemas

Redacción El Huarache Oct 7, 2025 0

Vicente Guerrero, Pacula, Hidalgo; 6 de octubre de 2025. A sus más de 80 años, don Leonardo Arroyo Arroyo es ejemplo de una vida sencilla. Originario de este poblado de Pacula, don Leonardo regresó hace dos décadas a su tierra natal tras una vida laboral en la Ciudad de México, donde trabajó en la Secretaría de Obras Públicas.

“Me fui de aquí como a los 24 años”, “ya era un jovenazo, pero no estaba casado todavía”. Allá en la capital se abrió paso en el servicio público, hasta que se jubiló hace 20 años. Hoy, vive de su pensión y del apoyo que el gobierno brinda a los adultos mayores.

Pero el descanso nunca ha sido parte de la rutina en la vida de don Leonardo, “Camino mucho, cuando no tengo trabajo en la casa me voy a caminar desde temprano”, dice mientras señala los senderos que ha recorrido infinidad de veces, incluso va y regresa caminando a la cabecera municipal, ya sea por mandado, por algún trámite o simplemente a cortarse el cabello.

Don Leonardo, tiene el orgullo de haber trabajado por años en la apertura de un caminito que conduce a su hogar, una casita que demuestra su firmeza a pesar de los muchos años de construida, y en donde vive con su esposa Abelina. Era un caminito muy angosto, pero actualmente es toda una calle con dimensiones apropiadas para transitar en vehículo. «Sólo faltan detallitos».

Don Leonardo no toma refresco, casi no come carne de puerco, y su dieta incluye más pollo, pescado y verduras. A pesar de haber enfrentado un procedimiento médico por problemas en la próstata, hace año y medio, actualmente se mantiene en buen estado. “Gracias a Dios, no tengo diabetes, y sigo caminando todos los días”, dice con orgullo.

Don Leonardo lleva casado con doña Abelina más de 50 años. Ella tiene 79 años de vida y juntos tuvieron tres hijos, quienes viven en la Ciudad de México.

Don Leonardo siempre ha sido un hombre tranquilo, dice que nunca se metió, y no se mete en problemas. “Cuando sabía que había broncas, mejor le daba la vuelta. Así uno vive tranquilo».

Sobre la felicidad, tiene una visión clara: “Cada quien hace su vida. Si uno quiere estar bien, tiene que portarse bien. Así de fácil”, concluye.

Rostros de mi pueblo

El topógrafo Fernando Cruz es pieza clave en las obras del Ayuntamiento de Ixmiquilpan

Redacción El Huarache May 26, 2025 0

Ixmiquilpan, Hidalgo., 25 de mayo de 2025. Fernando Cruz Isidro, de la comunidad de Granaditas, ha dedicado 20 años de su vida a la topografía, un oficio que ha cambiado radicalmente con la tecnología, sin embargo, se mantiene en constante capacitación pues trabaja para el Ayuntamiento de Ixmiquilpan, donde realiza distintos tipos de levantamientos topográficos en las comunidades del municipio. Es el primero en llegar a las zonas donde se ejecutarán obras, pues su trabajo es indispensable para dar inicio a cualquier proyecto.

Cruz Isidro se formó como topógrafo en la Universidad Autónoma de Puebla, motivado por su hermano y otros vecinos que también eligieron esa institución. Además que en los años 80, la topografía ofrecía buenas oportunidades laborales. Sin embargo, recuerda que entre 1988 y 1989, la crisis económica afectó fuertemente al sector, disminuyendo las oportunidades de empleo.

Con un salario quincenal de aproximadamente 5 mil pesos, Cruz Isidro destaca los cambios que ha vivido su oficio. “Antes todo era manual, usábamos teodolito, anotábamos a mano en la libreta de campo y los planos se dibujaban con restiradores, a mano. Podíamos tardar uno o dos días. Hoy todo se hace en unas cuantas horas”, explica. El uso de herramientas digitales como AutoCAD ha revolucionado la topografía, haciendo el trabajo más ágil y preciso.

A pesar de la automatización, Fernando ha sabido mantenerse vigente gracias a la capacitación continua. “Uno se tiene que actualizar. Tomar cursos, porque si no, la tecnología te deja atrás”, asegura.

Cultura

Desde la comunidad de El Mejay, municipio de Chilcuautla Hidalgo

Redacción El Huarache May 25, 2025 0

Doña Emi lleva el telar de cintura hasta Las Vegas

La maestra artesana, Doña Emi, ha preservado por más de cinco décadas el arte del telar de cintura. Hoy, su talento y dedicación cruzan fronteras: llevó sus conocimientos ancestrales hasta Las Vegas, donde impartió un taller que conmovió a la comunidad hispana.

* No te pierdas esta entrevista realizada el 25 de mayo de 2025, donde Doña Emi nos habla del valor de nuestras tradiciones, y de cómo el telar de cintura puede unir cruzar fronteras.

Cultura

Yael Bautista Vera es un orgulloso hñähñu

Redacción El Huarache May 25, 2025 0

Ixmiquilpan, Hidalgo, 24 de mayo de 2025. Yael Bautista Vera es un chico de dieciocho años, originario de Mixquiahuala, Hidalgo. Fue criado por sus abuelos maternos, dado que su mamá estudiaba lejos y su papá era migrante. Carlos Vera Tapia y Gudelia Martínez Martínez lo educaron transmitiéndole la cultura indígena hñähñu hasta los 11 años.

En entrevista, comentó que cuando su mamá regresó le prohibió hablar su lengua natal y vestir de manta, por el desprecio que se le daba a los hñähñus. Luego de un largo tiempo su papá regresó, y a él le parecía bien que hablara y vistiera como más a gusto se sintiese.

Señaló que todos los fines de semana suele venir a Ixmiquilpan a reforzar su identidad, pues aquí aún encuentra gente con la que puede practicar su lengua materna; también le gusta porque en el mercado municipal todavía encuentra artículos de su interés, como los huaraches, aunque ahora se han estilizado.

Al municipio viene acompañado de sus primos: David, de 19 años, que aprovecha para estar con su novia ixmiquilpense, y Salvador, de 11 años, que se reúne con su familia. Dice que, llegando a Ixmiquilpan, se separan y quedan de verse a la misma hora por la tarde para agarrar el transporte de regreso a su casa. En el transcurso del día no suele comunicarse con ellos, pues, a pesar de tener celular, la tecnología no es de su gusto. Menciona: “Es malo, yo veo a mis otros primos cómo se la pasan ahí, ya ni quieren platicar con mis abuelos y antes de tener celular es lo que más querían, nos sentábamos todos a escuchar sus historias, aunque fueran las mismas”.

Lamentó que en su comunidad de Mixquiahuala sólo queden alrededor de 7 hablantes. Y teme que en Ixmiquilpan pase lo mismo, pues señaló que el municipio está muy modernizado y las personas, por andar en nuevas modas, se olvidan de sus raíces. “Mis primos ahora se creen mucho, vistiendo diferente, con sus gorras, pans y tenis, piensan que los corridos del mentado Peso Pluma los escribieron para ellos y se creen los reyes del mundo, reniegan sus raíces, ¡sí esos cabrones igual andaban descalzos como yo!”, expresó. “A veces pienso en que sería mejor largarnos al cerro con gente que hable como nosotros y no le dé pena ser hñähñu, estar entre los conejos, tlacuaches, chapulines…”.

Dijo que la gente cada vez desconoce más su cultura, resultando a veces graciosa. “Ya no saben pronunciar bien las palabras, a veces quieren mentar la madre y como no saben el pronunciamiento terminan diciendo: chinga tu nixtamal”. Consideró lamentable que los políticos quieran vestir de bordados en el Valle del Mezquital, pero traen consigo ropas con tenangos de la región Otomí-Tepehua. O cuando “los hombres quieren lucir camisas bordadas y los bordados están colocados de un lado que sólo se usa para las blusas de mujer”.

Además de tener hábitos característicos de la comunidad hñähñu del Valle del Mezquital, comparte rasgos de la comunidad indígena del Estado de México, específicamente de Exquinquitlapilco, donde vivió algún tiempo; también sabe un poco de náhuatl, por sus abuelos paternos.

Resaltó diferencias entre los hñähñus originarios del Valle del Mezquital y de EdoMex, diciendo que en este último suelen vestir tipos charros, con sombrero, camisa lisa, pantalón de manta, negro, café o blanco; morral de ixtle y pañuelo. Él suele calzar huarache en lugar de bota para estar fresco, pero bota larga cuando tiene que pasar por caminos con cardones o lodo. Además, usa huaje, zarape y ceñidor.

Dijo que la forma de vestir tiene significado, por ejemplo, el pañuelo es principalmente usado amarrado al cuello para que no se quemen; sin embargo, cuando gustan de una muchacha se lo dan. La posición del sombrero hacia arriba significa que es una “persona gallera”, en la que no hay que confiar; de lado, es una persona mala o proveniente del norte; hacia abajo, es que algo malo hizo. Los huaraches se usan para hacer promesas a las mujeres y los santos. “Una mujer puede decirte que se casará contigo hasta que se te desgasten los huaraches en ir a verla, por eso hay que usar los más viejitos”, dijo con risa. “O a los santos, cuando se les pide un favor prometemos algo a cambio, y para que el santo sepa que vamos a regresar a cumplir nuestra palabra le dejamos un huarache”. Agregó que la vestimenta tradicional de las mujeres ya se perdió; ellas llevaban faldas largas de color negro y rebozo.

Mencionó que se acusa a los indígenas de ser violentos; a su parecer, esa fama se adquirió por los abusos, discriminación y carencias en las que habían vivido generaciones pasadas. “A muchos los han sacado de sus tierras, arribándolos a que vivan en miseria, se convierten en bandoleros y los matan. En general, somos buenas personas, me ha tocado ver con nahuales que, si les faltan el respeto, les ponen la charrasca en la panza”, señaló. La charrasca es una cuña que utilizan para labores de la vida cotidiana; a él, en Ixmiquilpan, un policía se la quitó, pues es un delito portar armas blancas en vía pública.

Dijo que la cultura hñähñu tiene cosas buenas, a diferencia de nuevas culturas. Esto se ve, por ejemplo, en la forma en que se chulean a una mujer: dijo que se les suele decir flor a las mujeres: “¡Qué chula flor!”, cuando les gusta alguna. Para saludar, por ejemplo, se dice: “¿Cómo te amaneció Dios?” A su vez, también existen los albures.

Expuso que en la cultura hñähñu se reconocen diferentes deidades, como la madre luna y el padre sol. Estos están representados por símbolos como el águila y el jaguar, respectivamente, incluso los suelen tener en figuras católicas. Un ejemplo de esta mezcla religiosa y cultural se da en la comunidad de Ferrería, Nicolás Flores, donde hay una escultura atribuida a la imagen de la Virgen de Guadalupe, pero para él es la deidad llamada K’nga’ndo. Agregó que actualmente siguen habiendo chamanes, pocos; estos suelen llevar a la iglesia católica deidades prehispánicas ocultas entre flores para ser bendecidas. Aunque la familia de Yael ha intentado que se adentre a sus religiones como la católica y evangélica, él no ha querido. Intentó por amor a ellos, leyendo la Biblia, pero no fue suficiente para dejar de creer en sus deidades. Leerla le llevó 17 meses.

Mencionó que ha trabajado como pastor de ovejas, verdugo, tlachiquero, artesano y caporal. Este último oficio le ha generado gusto por los caballos y la charrería. Entre sus habilidades están el tejido de ixtle, bordar, cultivar, tiro con resortera, criar animales y el raspado de pulque. Agregó que le gusta explorar, caminar y conocer cosas nuevas; el futbol, las hamburguesas, las gomitas, las pulcatas, la Coca-Cola, las fiestas patronales y los bailes. De niño se soñaba en ser como Antonio Aguilar, “revolucionario de pueblo en pueblo, con mujeres y jugando baraja”. Le gusta cantar melodías de banda, rancheras y huapangos, de artistas como Miguel Aceves Mejía, Cuco Sánchez, Javier Solís y José José.

Compartió también que a los 12 años ingresó por primera vez a la escuela, encontrando ahí el gusto por la lectura y escritura. Siguió la preparatoria en el Instituto de Aprendizaje para Adultos y aspira a ser agrónomo o maestro rural. “Me gusta leer porque somos como animalitos, nos guiamos por instinto y la lectura nos ayuda a orientar nuestra forma de ser”. Asegura haber leído obras como Don Rábano y Doña Nachi, Juventud en éxtasis volumen 1 y 2, Rebelión en la granja, La vida inútil de Pito Pérez, Cómo criar al varón y la mujer, 7 hábitos de los adolescentes, El más burro del salón, así como historias de la Revolución, en las que ha encontrado afinidad con Emiliano Zapata, pues lo señala como un hombre modesto que luchaba por los intereses sociales, con buen gusto de la moda y los caballos.

Dijo que académicamente le ha ido bien, pues gusta de escribir, lee hasta caminando y dibuja mucho. Solo le cuesta hacer uso de las TIC, pues no las entiende, dado que no está muy de acuerdo con la tecnología: “Lo que ellos hacen con computadora yo lo sigo haciendo con cartel”.

Explicó que la tecnología ha corrompido la forma natural del ser humano: “hay cosas interesantes de la modernización como las bocinas, donde puedo escuchar mi música, o las carreteras pavimentadas, ya con esas no me tuerzo mi pie”. Dijo que los tiempos modernos tienen vicios malos, como las drogas. Cierto día, en el jardín municipal de Ixmiquilpan, se encontraba disfrutando un helado cuando un chico se le acercó ofreciéndole droga. Ante la intimidación, comenzó a hablarle en hñahñu hasta que se fue.

Entre otras particularidades, Yael tiene ojos claros por sus abuelos de ojos azules y piel muy blanca, quizá debido al mestizaje en tiempos de la Revolución. Compartió, además, que sus películas favoritas son La falla de San Andrés, Jalisco no te rajes, Juan Charrasqueado y Los Tres Alegres. Finalizó la entrevista recordando con cariño y respeto a su xita y zuzu (abuelo y abuela), a quienes ya no tiene en vida.

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