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Rostros de mi pueblo

Los tamales de pescado de la familia Corona Mendoza conquistan paladares

Redacción El Huarache Ene 30, 2026 0

Por Lucero Lozano

Ixmiquilpan, Hidalgo, 2 de enero de 2026. Desde hace cinco años, la familia Corona Mendoza elabora y comercializa tamales de pescado, los cuales ofrece principalmente en fiestas patronales, compartiendo así el sazón tradicional de la señora Silvia Ramírez Barranco, abuela de la familia.

Adela Mendoza Rómulo, esposa de Ismael Corona Ramírez, aprendió de su suegra la preparación de estos tamales, que originalmente se elaboraban solo para el consumo familiar. Sin embargo, al dedicarse al cultivo de hortalizas y verduras, la familia identificó el potencial comercial de la receta.

Fue así como, hace cinco años, decidieron complementar sus ingresos con la venta de tamales de pescado, preparados con hierbas de olor como tomillo, mejorana, perejil, hierbabuena, orégano, cebolla de rabo, chile guajillo y sal.

El puesto se instala en distintas fiestas patronales; en estos días, por ejemplo, se encuentra en la feria de Rinconada, Tasquillo. Se distingue de otros por el carisma y la atención de los integrantes de la familia: Adela se encarga de preparar y condimentar el pescado; Ismael mantiene las brasas encendidas para dorarlo; mientras que sus hijos, Ixayana y Omar, elaboran tortillas a mano y atienden a los comensales, respectivamente.

La familia, originaria de la comunidad de El Maye, en Ixmiquilpan, también suele ofrecer otros antojitos. El precio de cada tamal oscila entre 130 y 250 pesos, dependiendo del tamaño del pescado, ya que algunos tamales pueden llegar a pesar hasta un kilo.

Rostros de mi pueblo

Las adversidades no le han impedido sobresalir

Redacción El Huarache Ene 28, 2026 0

* Esta es su historia.

Ixmiquilpan, Hidalgo., 29 de diciembre de 2025. Liliana Acosta Solin, mujer de 35 años de edad, con síndrome de Down, es un claro ejemplo de esfuerzo, amor familiar y la importancia de la educación inclusiva. Gracias a estos factores, ha logrado ser independiente en diversas actividades cotidianas y convertirse en una persona productiva.

Vecina de la colonia Felipe Ángeles, en Ixmiquilpan, Liliana ha sido parte del tradicional tianguis de los lunes desde 2007, donde, junto a sus padres y hermanos, se dedica a la venta de ropa, zapatos y juguetes. Su familia fue una de las primeras en establecerse sobre la calle Porfirio Chávez González, cerca de la delegación del barrio de San Antonio.

El desarrollo de Liliana en diversas áreas de su vida ha sido posible, en gran parte, por la confianza que sus padres han depositado en ella, tratándola siempre igual que a sus cinco hermanos. La madre de Liliana, en entrevista, compartió que la educación que recibió su hija en una escuela especializada en atender a personas con capacidades diferentes en Estados Unidos fue clave para su desarrollo.

“En Estados Unidos, las personas con discapacidades tienen más oportunidades de acceso a la educación y al empleo. Aquí en México, si para uno es difícil, para ellos las puertas están cerradas”, lamentó la madre de Liliana.

La historia de la familia Acosta Solin no ha sido fácil. Los padres de Liliana cruzaron la frontera de manera ilegal cuando ella y otros dos hermanos eran menores de ocho años. Enfrentaron los riesgos y desafíos propios de la migración, como el casi perder a uno de sus hijos en la oscuridad mientras se desplazaban con un grupo que evitaba la migración. Con el tiempo, se estabilizaron, aunque Liliana sufría de enfermedades frecuentes, lo que llevó a sus padres a sobreprotegerla. Sin embargo, tratarla igual que a sus otros hijos fue, según su madre, la clave para fortalecer su sistema inmunológico y su desarrollo emocional.

Hoy en día, Liliana es una mujer que se comunica en inglés y español, con algunas limitaciones. Tiene grandes sueños, como cantar y bailar, inspirada por su ídola Selena Quintanilla.

Rostros de mi pueblo

Las carencias son un motor para el éxito, afirma joven comerciante de Chilcuautla

Redacción El Huarache Ene 26, 2026 0

27 de diciembre de 2025. Daniela Gisselle Moreno Martínez, enfermera y emprendedora chilcuautlense, superó el duelo por la muerte de su abuela, a quien cuidaba, al enfocarse en su emprendimiento de accesorios para el cabello. En entrevista, destacó que su experiencia le ha permitido darse cuenta de que los grandes comerciantes no nacen solo de los estudios, sino de las necesidades. Esto la motiva a seguir su camino hacia el éxito empresarial.

Daniela aseguró que emprender es una opción viable para quienes buscan superarse, pero recalcó que tener estudios no es suficiente. “La educación formal no te enseña a ganar dinero, lo logras porque has pasado por necesidades. Con el tiempo, aprendes a diseñar estrategias, ya que vas conociendo el negocio, tus productos y a tus clientes», expresó.

La joven empresaria decidió centrar su negocio en productos para mujeres, tras realizar un estudio de mercado que reveló que este segmento tiene una mayor propensión a las compras en comparación con los hombres. Su objetivo fue ofrecer artículos de bajo costo, variados y atractivos para diferentes rangos de edad.

Con sus ahorros y un préstamo adicional, Daniela hizo una inversión inicial de 20,000 pesos. Gracias a la rentabilidad de sus primeras ventas, pudo saldar la deuda y continuar invirtiendo. Hoy, a pesar de los miedos y retos que conlleva mantener su emprendimiento, ha logrado establecerse en un lugar fijo en Maguey Blanco, donde espera a sus amigos y clientes, cerca del área conocida como “la isla”, junto a los juegos.

Daniela es un claro ejemplo de superación en su municipio. Sus sueños son seguir haciendo crecer su negocio y retomar su profesión, especialmente en el área de hemodiálisis. “Muchas personas que no estudiaron hoy son buenos comerciantes. Emprender es una opción viable para cualquier profesionista como un extra en sus ingresos. Siempre hay que mantener fe y agradecer a todos los clientes», concluyó.

Rostros de mi pueblo

“Nada ha detenido mi compromiso de servir a mi pueblo”: Ernesto Lucario, delegado de Taxhié, Alfajayucan

Redacción El Huarache Ene 26, 2026 0

27 de diciembre de 2025. Ernesto Lucario Arcadio, de 29 años, está por concluir su periodo como delegado de la comunidad de Taxhié. En entrevista se reconoció como uno de los primeros hombres en romper estereotipos en la política y vida social de la región, al servir en un puesto de liderazgo siendo hombre joven, indígena y miembro de la comunidad LGBT.

Lucario fue electo en enero y durante su periodo priorizó el uso del Fondo de Aportaciones para la Infraestructura Municipal (FAIMS) en proyectos de pavimentación de caminos. A pesar de los avances, Ernesto destacó que su trayecto como delegado no fue fácil, pues aún enfrenta racismo, discriminación y marginación en su comunidad.

Explicó que ser indígena sigue siendo una carga de rezago, a pesar de que las comunidades indígenas, como la de Taxhié, han sido pioneras en la gestión de obras y proyectos. «Fue complicado ganarme el respeto de mi comunidad, sobre todo porque no es común ver a una persona LGBT en un puesto de autoridad. Sin embargo, nada de esto ha impedido mi compromiso por servir a mi pueblo», afirmó. «Desde antes ya lo hacía, cuando fui presidente de la red de distribución de agua potable, y seguiré trabajando desde donde esté».

Ernesto también subrayó que los buenos delegados y presidentes municipales no se hacen por sus condiciones raciales, físicas o sociales, sino por su capacidad de reconocer y empatizar con los problemas de la comunidad. «Yo sé lo que es pasar hambre, lo que es vivir en pobreza, lo que es que te discriminen, lo que es no tener oportunidades para estudiar»… «Pero no por eso te desistes; eso te da más fuerza para seguir luchando, por eso también sirvo en la iglesia».

El joven delegado hizo un llamado a la juventud para que se involucre más en la vida comunitaria. «Cuando juventud y experiencia se juntan, el desarrollo de los pueblos es posible», afirmó.

También invita a reconocer el esfuerzo de los adultos mayores, quienes han sido clave en la fundación y desarrollo de las comunidades. «Confío en que el Creador nos ilumine, pero necesitamos de todos, sin importar nuestros colores o formas.

«Nuestros ancianos hicieron lo que pudieron, hoy nos toca a nosotros. A muchos nos toca una vida difícil, pero cuando vienes de abajo sabes lo que realmente hace falta, por eso es que ha habido grandes presidentes que no terminaron la primaria, pero sabían lo que sufrían nuestras comunidades», concluyó.

Rostros de mi pueblo

Dos vaquitas le cambiaron la vida a doña Cira

Redacción El Huarache Ene 24, 2026 0

* Se encariña con los animales que cuida, aunque luego le cuesta el tormento de la tristeza al tener que separase de ellos.

Alfajayucan, Hidalgo., 20 de diciembre de 2025. Cira Hilario Muedan, originaria de Santa María Xigui, lleva 20 años viviendo de la venta de ganado, gracias a que un día se atrevió a cuidar dos vaquitas “a medias”.

La señora Cira tomó la iniciativa de atender dos reses que pertenecían a su cuñada, sin tener certeza de qué tanto le rendirían. Sin embargo, relató en entrevista que “gracias a Dios, las vaquitas tuvieron dos becerritos para mí y, tiempo después, otros dos para mi cuñada”.

Desde entonces, el ganado no ha dejado de rendir. No obstante, doña Cira reconoce que se ha encariñado profundamente con los animales, a los que compara con los seres humanos. “Ellas sienten, se enferman, son como nosotros, aunque diferentes en forma. Si les llamas por su nombre, te entienden, te obedecen; incluso su embarazo dura nueve meses y pasan por fuertes dolores”, compartió.

Con el tiempo, también comenzó con la compra de cinco borregos y posteriormente adquirió más, los cuales hoy cuida junto a su perrita Chamale, a quien adoptó recientemente.

Doña Cira expresó que la venta de su ganado le permite obtener el sustento para vivir; sin embargo, admitió que también experimenta tristeza al desprenderse de ellos, pues llega a encariñarse. Muchos incluso tienen nombre, como Pinta, Beli, Copetes, Luna, Lluvia, Valentina, Zorullo, Güera, Chocomil y hasta Hamburguesa.

Rostros de mi pueblo

Una carnicería de Chilcuautla es atendida por mujeres

Redacción El Huarache Ene 22, 2026 0

* Muestran sus destrezas para atender el negocio.

Por Lucero Lozano

En la cabecera municipal de Chilcuautla, sobre la calle Francisco I. Madero, destaca la carnicería Don Lalo, un negocio que por más de diez años ha estado al servicio de los chilcuautlenses y que hoy llama la atención no solo por su trayectoria, sino porque es atendido principalmente por mujeres. Entre ellas se encuentran Zahira Rubí Pascual Pérez, hija del fundador, y Mariana Alvarado González, la más reciente en el equipo de trabajo.

Originaria de El Llano Primero, la familia Pascual Pérez se ha dedicado a la producción y venta de carne por iniciativa del jefe de familia, don Eduardo Pascual, quien con el paso del tiempo enseñó el oficio a su esposa, a su hijo y a sus tres hijas. Actualmente, son ellas quienes cada vez asumen un papel más activo dentro del negocio familiar.

Zahira, la menor de las hijas, relata que para muchas personas resulta sorprendente ver a mujeres desempeñándose en un trabajo que tradicionalmente se ha atribuido a los hombres. Tras dejar su carrera universitaria en Mercadotecnia, decidió integrarse de lleno a la carnicería y descubrió que, contrario a lo que se piensa, son las mujeres quienes muestran mayor interés por este tipo de empleo.

Aunque reconoce que comenzar en el negocio no fue una decisión propia, continuar sí lo ha sido. Hoy se visualiza a futuro expandiendo la empresa familiar junto a sus hermanas. Cada una vivió su propio proceso de aprendizaje y actualmente se han distribuido las tareas de acuerdo con sus habilidades: una se encarga de la producción y el reparto, mientras que las otras dos permanecen al frente de la carnicería.

Todas ellas, menores de 30 años, cumplen jornadas largas y físicamente demandantes. Para ellas, la fuerza no lo es todo, pues consideran que el compromiso y la responsabilidad pesan más que la capacidad física. Incluso reflexionan que, con el paso del tiempo, quienes solicitan empleo son en su mayoría mujeres, y también son ellas quienes permanecen, ya que muchos hombres no suelen soportar el ritmo de trabajo.

Aunque la mercadotecnia no se relaciona directamente con el corte de carne, Zahira ha sabido aplicar sus conocimientos al diseñar carteles y decoraciones que dan identidad al negocio. Por su parte, Mariana Alvarado González, quien apenas lleva un mes trabajando, destaca que se trata de su primer empleo. Actualmente se desempeña como auxiliar y asegura que la dedicación diaria le permitirá aprender cada vez más sobre el oficio.

“Las máquinas y los cuchillos están afilados, pero los accidentes no distinguen géneros. Ser carniceras no atiende a géneros; nosotras nos vemos como empresarias y para ello tenemos que hacer crecer el trabajo familiar”, expresan, reconociendo que el esfuerzo es constante y se realiza día con día.

Zahira añade que, a pesar de tratarse de su padre, don Eduardo ha sido exigente con ellas para que se ganen su lugar dentro del negocio. “Aunque es nuestro papá, nos ha puesto trabas porque quiere que lo hagamos mejor. Hoy me encargo de los proveedores, pero ha sido a base de intervenir y tomar decisiones pesadas, de demostrar mi capacidad”, señala.

Finalmente, las jóvenes subrayan que desempeñarse en un empleo estereotipado como masculino no les resta feminidad. Aseguran que su forma de vestir, sus gustos y su identidad personal no están peleados con su trabajo, siempre y cuando no interfieran con la salubridad ni con sus responsabilidades. Consideran que su ejemplo ha motivado a otras chicas a buscar empleo y a entender que se puede trabajar en cualquier área, sin que el género y estilo sean una limitante.

Rostros de mi pueblo

De abogada a distribuidora de Herbalife

Redacción El Huarache Nov 25, 2025 0

* La historia de Daysy Caleth Molina.

16 de noviembre de 2025. Daysy Caleth Molina Azpeitia ejerció durante varios años como abogada, una profesión académicamente, sin embargo, situaciones que consideró contrarias a sus valores terminaron por decepcionarla del oficio. Esa inconformidad, sumada a problemas de salud, la llevaron a tomar una decisión que cambiaría su vida: renunciar a la abogacía.

En su búsqueda por recuperar su bienestar físico, Daysy comenzó a consumir productos de Herbalife, más por desesperación que por convicción. Con el paso del tiempo, notó cambios positivos en su salud, algo que le devolvió la confianza en lo que estaba consumiendo.

Su padre, hoy fallecido, fue quien la motivó a considerar este negocio como una nueva oportunidad. Aunque en un inicio se resistía, bromeando incluso que “no estudió para ser licuadera”, su desencanto con el ámbito legal y su propio testimonio de salud terminaron por abrirle la puerta a una nueva etapa.

Al inicio, Daysy enfrentó miedo y prejuicios. Escuchaba comentarios negativos sobre los productos: que podían causar cáncer, afectar el hígado o incluso provocar la muerte, sin embargo, tras casi dos décadas de consumo, afirma sentirse no sólo bien físicamente, sino también emocionalmente. Para ella, Herbalife se convirtió en una herramienta para equilibrar su alimentación, generar ingresos y ayudar a otras personas a recuperar su autoestima y salud. Varios de sus clientes, con el tiempo, se han convertido también en amigos.

Poco antes de dedicarse de lleno al negocio, Daysy recibió una oferta para trabajar en el Congreso del Estado. Aceptó sin dudarlo, esperando encontrar estabilidad profesional y económica. No obstante, su paso por la institución solo confirmó que el ambiente laboral, marcado por la idea de “chingar al otro”, no era lo suyo. Además, el salario no le rendía como esperaba. Este periodo le dejó una lección amarga: que tener un título y una cédula no garantiza un camino sencillo, como muchas veces se imagina cuando se es joven.

Entre los momentos más significativos que atribuye a su cambio de estilo de vida, Daysy destaca uno muy especial: su maternidad. Durante años enfrentó dificultades para embarazarse, pero con el tiempo, y siguiendo disciplinadamente su nueva dieta, llegó lo que ella misma describe como un milagro: la concepción de su hija, con quien hoy comparte su vida, sus logros y su felicidad.

Actualmente, Daysy complementa su alimentación con una rutina constante de ejercicio, promoviendo en quienes visitan su local la importancia de mantenerse activos, así como consumir Herbalife.

Rostros de mi pueblo

La historia de Teresita Monter y su Cocinita

Redacción El Huarache Oct 8, 2025 0

La Cocinita de Panales, un acogedor restaurante en Ixmiquilpan, nació luego del cáncer de mama que padeció la señora Teresita Monter Lugo, quien tras un duro tratamiento que la dejó sin economía, ella ha demostrado sus ganas de vivir.

Comenzó de a poquito, pero su fama por su buen sazón fue creciendo con el tiempo, por lo que al saber administrar cada peso que le dejaba su restaurante, fue extendiendo su negocio y, por supuesto, su menú, para darle gusto a sus clientes, quienes tienen por costumbre encontrar lo que buscan y quedar contentos.

Teresita viene de un linaje de mujeres que han sabido sobreponerse a las adversidades de la vida, sobre todo en situaciones fuertes de salud, como fue su caso.

La Cocinita, que se ubica en Panales, es uno de los sitios favoritos para desayunar y comer, no sólo para los ixmiquilpenses, sino también de personas que visitan Ixmiquilpan, porque aquí encuentran de todo: variados antojitos, enchiladas, chilaquiles, caldito de pollo, un buen mole, y diversos platillos según la temporada, como recientemente los chiles en nogada, típicos del mes patrio.

Además, mientras uno come, suelen presentarse algunos tríos de la región, quienes deleitan a los comensales con música tradicional, y en su interior se pueden apreciar obras de arte y artesanías, mientras que la señora Teresita o alguna de sus doce ayudantas, atienden con amabilidad y carisma.

“En la Cocinita sólo estamos mujeres que nos abrazamos y apoyamos entre nosotras”, dice doña Teresita, quien, no sólo tuvo que enfrentar la brutalidad del cáncer una ocasión, sino dos veces, es por ello que, al superar la enfermedad, agradece cada mañana que ella puede abrir los ojos y tener un nuevo día de trabajo.

Doña Teresita agradece el amor, la confianza y el apoyo de las mujeres que hoy están con ella, porque no sólo le ayudan a sostener su negocio, sino también a ella como persona, y saber que los empleos que genera representan un ingreso para sus familias.

Rostros de mi pueblo

Don Leonardo Arroyo tiene 80 años de edad, goza de salud y vive sin problemas

Redacción El Huarache Oct 7, 2025 0

Vicente Guerrero, Pacula, Hidalgo; 6 de octubre de 2025. A sus más de 80 años, don Leonardo Arroyo Arroyo es ejemplo de una vida sencilla. Originario de este poblado de Pacula, don Leonardo regresó hace dos décadas a su tierra natal tras una vida laboral en la Ciudad de México, donde trabajó en la Secretaría de Obras Públicas.

“Me fui de aquí como a los 24 años”, “ya era un jovenazo, pero no estaba casado todavía”. Allá en la capital se abrió paso en el servicio público, hasta que se jubiló hace 20 años. Hoy, vive de su pensión y del apoyo que el gobierno brinda a los adultos mayores.

Pero el descanso nunca ha sido parte de la rutina en la vida de don Leonardo, “Camino mucho, cuando no tengo trabajo en la casa me voy a caminar desde temprano”, dice mientras señala los senderos que ha recorrido infinidad de veces, incluso va y regresa caminando a la cabecera municipal, ya sea por mandado, por algún trámite o simplemente a cortarse el cabello.

Don Leonardo, tiene el orgullo de haber trabajado por años en la apertura de un caminito que conduce a su hogar, una casita que demuestra su firmeza a pesar de los muchos años de construida, y en donde vive con su esposa Abelina. Era un caminito muy angosto, pero actualmente es toda una calle con dimensiones apropiadas para transitar en vehículo. «Sólo faltan detallitos».

Don Leonardo no toma refresco, casi no come carne de puerco, y su dieta incluye más pollo, pescado y verduras. A pesar de haber enfrentado un procedimiento médico por problemas en la próstata, hace año y medio, actualmente se mantiene en buen estado. “Gracias a Dios, no tengo diabetes, y sigo caminando todos los días”, dice con orgullo.

Don Leonardo lleva casado con doña Abelina más de 50 años. Ella tiene 79 años de vida y juntos tuvieron tres hijos, quienes viven en la Ciudad de México.

Don Leonardo siempre ha sido un hombre tranquilo, dice que nunca se metió, y no se mete en problemas. “Cuando sabía que había broncas, mejor le daba la vuelta. Así uno vive tranquilo».

Sobre la felicidad, tiene una visión clara: “Cada quien hace su vida. Si uno quiere estar bien, tiene que portarse bien. Así de fácil”, concluye.

Rostros de mi pueblo

𝗖á𝗻𝗱𝗶𝗱𝗮 𝗦𝗮𝗻 𝗝𝘂𝗮𝗻 𝗚𝗿𝗲𝗴𝗼𝗿𝗶𝗮 𝗲𝘀 𝗲𝗷𝗲𝗺𝗽𝗹𝗼 𝗱𝗲 𝗼𝗿𝗴𝘂𝗹𝗹𝗼 𝗽𝗼𝗿 𝘀𝘂 𝗼𝗿𝗶𝗴𝗲𝗻 𝗶𝗻𝗱í𝗴𝗲𝗻𝗮

Redacción El Huarache Sep 30, 2025 0

Por Lucero Lozano

Alfajayucan, Hidalgo., 21 de septiembre de 2025. En tiempos modernos, donde la autoadscripción indígena se ha convertido en una práctica común, no solo bajo criterios “objetivos” como la lengua, la residencia o los usos y costumbres, sino también a partir de la autoidentificación) preguntamos a la señora Cándida San Juan Gregoria qué significa para ella ser indígena.

Cándida nació en 1949, ayer celebró 76 años de vida. Es una orgullosa mujer hñähñu del municipio de Alfajayucan, donde creció en la conocida Segunda Manzana de Zundhó junto a sus diez hermanos, fruto del matrimonio entre Cenavia Gregoria, quien aún vive a sus 95 años, y el finado Luciano San Juan. Ella es la mayor de los hermanos y madre de cuatro hijos: Cristina, Juana, Benigno y Pedro.

Aunque solo cursó hasta segundo grado de primaria, sabe leer y escribir lo suficiente, y ello no le ha impedido sacar adelante a su familia ni retribuir a su comunidad. Señaló que hoy la mujer indígena goza de oportunidades que antes no existían, como presidir cargos en las delegaciones municipales, algo visible apenas en los últimos 20 años. Sin embargo, recordó que las mujeres siempre han contribuido en la historia de la nación. Ella misma prepara comida para los eventos comunitarios, además de participar con aportaciones económicas, en faenas o en lo que haga falta.

Sobre lo que significa ser indígena, explicó: “Uno es indígena porque conoce y lo hace, desde cocinar en las ollas de barro y a fogón, hasta hacer ropa como lo hacía mi mamá, que nos vestía con prendas de manta. También trabajar la lechuguilla, tejer el ayate y la palma, hacer tortillas desde el grano con metate, cultivar el campo y saber para qué sirven las hierbas que nos da la tierra. Eso es ser indígena”.

Durante treinta años fue madre soltera, y tras la muerte de su padre, hace 17 años, asumió como hermana mayor la responsabilidad del hogar. Para ella, los valores de protección y responsabilidad distinguen a un núcleo indígena: “A los 60 se supone que deberíamos descansar, pero debemos responder por la familia y la comunidad. Seguimos trabajando por los derechos que dejó mi papá, aunque todavía, a sus 95 años, mamá manda hasta que Dios decida”.

Doña Cándida es ejemplo de resiliencia y sabiduría práctica. Ha salido adelante vendiendo loza desde las cinco de la mañana, preparando tlacoyos, dobladas y tamales, y cultivando frijol, maíz, chile, alverjón, habas, garbanzo y lo que el campo ofrece. “No es solo cocinar por cocinar, hay que saber cómo se hace. Aquí en el campo los tlacoyos son grandes, de frijol quebrado, alverjón o migajas, y hay que batir bien los chiles guajillo”.

Comentó que nunca ha sido ofendida por ser indígena, aunque reconoce que a algunas personas no les agrada el término, incluso a sus hermanos. Ella, en cambio, decidió conservar y hablar su lengua materna. “Tengo 76 años y no me siento agüitada por nada. Sólo le pido a Dios la vida que me quiera dar. Soy muy devota, cada 12 de diciembre cumplimos nuestras promesas de escamada a la Virgen de Guadalupe”, concluyó.

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