* Por Nicolás Lozano Ángeles.
El día 7 de septiembre de 2021 ocurrió en Ixmiquilpan una inundación histórica a causa del desbordamiento del río Tula. Algo inimaginable en esta comarca en donde anualmente llueve poco.
Desde el día anterior se percibía un panorama sombrío para esta región ante tanta lluvia que había caído en todo el Valle de México, pero además porque tres días antes se desbordó un poco de agua a la altura de donde están actualmente las instalaciones de Protección Civil de Ixmiquilpan.
Después del medio día era inminente e inevitable que el río desbordaría porque el agua tocaba prácticamente la plancha del puente de la Unidad Deportiva, lo que ocurrió enseguida, cuando la población católica hacía los preparativos para llevar a cabo la tradicional procesión del Señor de Jalpan.
Fue impresionante ver como la corriente del agua fluía en grandes cantidades hacia la unidad deportiva, arrastrando todo a su paso: troncos, basura y hasta animales.
A las 6 de la tarde de ese día los negocios del Centro ya habían cerrado y se veía a gente corriendo con maletas y bolsas, en busca de auxilio o de algún refugio, de los que se improvisaron ante el suceso.
A esa hora se fue la señal de telefonía e Internet, y esto preocupó a la gente, sin saber a dónde ir y se guiaban por los rumores que escuchaban, pero una gran mayoría se quedó en casa para resguardar sus bienes.
Poca gente sabía que muchas casas del barrio La Reforma, Vista Hermosa y Fraccionamiento San Javier estaban siendo inundadas, y que los pacientes internados en el hospital regional del IMSS eran evacuados y llevados a otros hospitales.
En la radio solamente decían que la gente podía ir a los refugios de El Fithzi, Maguey Blanco y Panales.
Al día siguiente, 8 de septiembre, los whatts y las llamadas empezaron a llegar; amigos, familiares y conocidos, tanto de Ixmiquilpan como de otros lugares, del país y extranjeros, preguntaban por la situación.
Pocos habitantes de aquí habían visto algo parecido, lo más cercano a una inundación fueron las lluvias tempestuosas que azotaban al municipio y llenaban el río Tula cada cierto tiempo, ya que las lluvias de temporada a veces ni a eso llegan.
Se inundó la mitad del parque Benito Juárez, la Unidad Deportiva, la JAC, los campos y casas que están a orillas del río, y muchas casas de la Otra Banda, San Rafael, Trinidad Moreno y fraccionamiento San Javier.
Jóvenes y adultos tomaban fotos, todos impresionados, y gracias a ellos que compartieron el suceso se supo en muchas partes del mundo, principalmente en Estados Unidos.
Pasaban las horas y los vecinos de los barrios aledaños al río Tula se movilizaban, hasta cierto punto con lentitud, porque lo peor ya había pasado. Ponían costales de arena, entraban a sus casas a sacar algunas cosas, trataban de limpiar el lodo y la basura que llegó a las puertas y zaguanes, y en muchos casos el agua se llevó todo.
El Ejército Mexicano hizo presencia con su plan DNIIIE, y también se vio activa la policía estatal y municipal, así como la Conagua, pero sin alarmar a la gente, sólo brindando ayuda.
Para entonces la población estaba más informada de los destrozos causados por la inundación.
Algunos siguieron con la rutina, otros se preparaban para algo peor, cerraban negocios y se llevaban parte de sus mercancías. Eso en el Centro, porque para San Antonio y las zonas altas no pasaba nada.
Al medio día la gente se volvió alarmar. En redes sociales comentaban que otra creciente estaba por llegar, lo que provocó aún más movimiento, y que era probable que eso pasara, ya que «a según» una presa se había reventado, lo cual hacía pensar cosas peores, aunado a que las lluvias en la Ciudad de México no cesaban.
Volteos con arena iban y venían por el centro de la ciudad; ambulancias, bomberos y policías patrullaban barrios y localidades cercanas al río.
A eso de las cinco de la tarde se desató el caos, familias enteras dejaban sus casas, los que tenían, todo. Los negocios cerraban, ponían costales de arena tanto como podían y sellaban con espuma de poliuretano.
En el puente El Sabino se aglomeró la gente para ver el paso de la corriente y cuanto arrastraba minuto a minuto, mientras que los policías les gritaban a las personas que se fueran, que ya no era seguro, incluso se impidió el paso de carros y camiones de carga sobre el puente.
Las combis de Alfajayucan y Tasquillo se fueron hasta la gasolinera de La Reforma y los que iban para los rumbos de Panales, Tasquillo, Zimapán, Alfajayucan y Huichapan tuvieron que caminar o conseguir quien los llevara al otro lado del puente El Sabino, convertido ese día en el gran centro de atracción.
Como a las siete de la tarde se fue la señal de Internet, para entonces el centro ya estaba desértico. Esa noche fue, tal vez, la más larga en la historia de Ixmiquilpan. Afortunadamente no pasó a mayores.
Al día siguiente, las personas retornaron a sus casas a rescatar lo que pudieron y a limpiarlas.
Se organizaron y trataron de despejar las vías públicas. Los soldados, Protección Civil y solidarios ayudaron en las faenas.
Hoy, a cinco años de la inundación, siguen presentes algunas afectaciones, agradecidos con la naturaleza porque ese fenómeno de la inundación no arrebató vidas, pero sí dejó muchas tareas para los años venideros, como mantener el río libre de basura, aunado a un programa de información permanente para saber actuar ante este tipo de situaciones.
Vivamos hoy la tradicional procesión al Señor de Jalpan.

















