•La historia de Salvador Trejo (QEPD) hoy lo recordamos, a un año de su partida.
Por Lucero Lozano
Zimapán, Hidalgo, 28 de junio de 2025. Salvador Trejo (QEPD), mejor conocido en vida como Chava el del Oro, dejó en quienes lo conocieron grandiosas historias y sabias enseñanzas, al ser un humilde empresario de raíces zimapense.
Su padre, Jorge Reyes Trejo, fue un hombre originario de Puerto Juárez, quien tuvo 10 hijos, todos dedicados a la compra y venta de oro. Sin embargo, entre ellos destacó el buen Chava, quien desde los trece años se dio cuenta de que los estudios en secundaria no eran algo que le llamara la atención, pues la propia vida ya había sido su escuela.
Salvador comenzó desde esa edad a ofrecer joyas de oro a sus profesoras, quienes, glamurosas, le compraban tanto que mejor decidió dedicarse a eso: la venta de piezas únicas hechas por su padre, hombre cuya historia también es digna de aplaudir, pues se aventuró a salir a la Ciudad de México, sin hablar castellano, sólo su lengua natal hñähñu. Consiguiendo trabajo poco a poco, pasó de ser relojero a afinador de oro.
Salvador Trejo superó al maestro, su padre Jorge, aprendiendo de él las técnicas empíricas adquiridas a lo largo de toda una vida.
Aunque Chava se crió en la Ciudad de México, regresó a su tierra de origen a la edad de 22 años, entusiasta por crear su propio capital. Una de sus enseñanzas fue que “hasta la basura vale”, haciendo alusión de que el trabajo es indispensable, solo se necesita estar dispuesto a hacerlo. Siempre activo, comenzó a formar su patrimonio desde la venta de papitas, comida y helados en la zona centro, así como calzado y hasta carros. Bueno… ¡qué no vendió ese hombre!
Salvador estuvo expuesto toda su vida a los químicos y metales. Su trabajo es digno de reconocimiento, pues hasta el momento en Hidalgo no hay otro afinador; y en todo México existen poco más de 20 talleres de afinación de oro y plata.
El trabajo de Salvador consistía en convertir pocos gramos de oro, plata y otros metales como el cobre en gramos de oro puro de 24 quilates, o al 99.9% de pureza, o como los conocemos por su forma: lingotes de oro. Este proceso implicaba el uso de grandes cantidades de químicos solventes, fundidos en un horno, inicialmente con lo que se conoce como soplete a presión, y más adelante con tanque de oxígeno.
A un año de su muerte, amigos y familiares lo recordamos como un ser humano cálido y espontáneo, que dejó en nuestros corazones grandes vivencias y enseñanzas, además de unos hijos preciosos: Salvador y Jaime. Su compañera de vida, Denis Rodríguez, continúa el legado que les permitió el pan de cada día: Golden and Silver (Oro y Plata), ahora bajo el nombre Rodríguez Trejo.
Hasta el cielo, Chava el del Oro, recibe un abrazo con cariño y aprecio de tu esposa Den, tu querida Jaime y tu campeón Chavita, quienes reconocen tu papel como padre y hombre de negocios
