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El Huarache

Voz y Huella del Mezquital

La vida de don Joaquín Tavera reúne años de trabajo, constancia y humanidad

Pacula, Hidalgo; 29 de abril de 2026. La vida de don Joaquín Tavera Chávez está llena de sacrificios y un profundo amor por Pacula, la tierra que lo recibió de niño y que lo ha visto crecer a lo largo de los años.

A sus 74 años, recién cumplidos el pasado 20 de marzo, don Joaquín nos cuenta que nació en Querétaro, pero que su historia, según él, comenzó realmente en Pacula, a donde llegó siendo apenas un bebé.

Sus padres, Bernabé Tavera Trejo y Silviana Fortanel Chávez dejaron su origen para buscar un futuro mejor, sin saber que su pequeño hijo haría en Pacula su hogar de vida.

Don Joaquín no conoció lujos en su infancia. Caminaba descalzo entre el campo y la tierra, y recuerda con especial emoción el día en que, a los siete años, recibió sus primeros huaraches. Fue un regalo de don Emiliano Fuentes, un gesto sencillo que refleja la solidaridad que había en la comunidad, donde todos se conocían y se apoyaban.

A los diez o doce años de edad, don Joaquín ya trabajaba en las cosechas de algodón en Tamaulipas, junto a su hermano mayor. Eran jornadas largas, viajes difíciles y responsabilidades que llegaron demasiado pronto a su vida, en una familia de trece hermanos, de los cuales dos murieron siendo niños. El trabajo era la única forma de salir adelante.

A los 17 años dejó su comunidad con la esperanza de encontrar nuevas oportunidades. Viajó a la Ciudad de México junto a otros vecinos y, como tantos mexicanos, aprendió a sobrevivir haciendo de todo: trabajó en la construcción, sirvió en el Ejército durante tres años y dedicó más de una década a labores de policía.

A finales de los años noventa, tras la muerte de su padre, volvió a Pacula para cuidar a su madre. Permaneció a su lado hasta hace apenas dos años, acompañándola con la misma entrega que ha marcado cada etapa de su vida.

Hoy, don Joaquín ha elegido la calma, cultiva maíz y frijol, y también la tranquilidad de una vida sencilla. Su compañero cotidiano es un burro negro de dos años, al que cuida con cariño y que se ha convertido en parte esencial de sus días.