El Maye, Ixmiquilpan, Hidalgo, 8 de octubre de 2026. En entrevista con Cándida Mendoza Trejo, Jesus Martin Peña y Maria Elena Calzada García originarios del Maye comentaron que la tradición se ha mantenido por generaciones y supera los 300 años. La subida y bajada de la Cruz entre la comunidad y el cerro es una de las fiestas más grandes y esperadas de la zona, que reúne a personas de múltiples pueblos del Valle del Mezquital y más allá.
Candida recordó que hace unos tres o cuatro años se decidió hacer la bajada un sábado, saliendo de la costumbre. El resultado fue una tormenta fuerte que mojó a toda la procesión. Sin embargo afirmó que apenas llegó la cruz a su destino, la lluvia cesó y salió el sol. Desde entonces, la comunidad decidió no volver a cambiar la fecha ni el día: se respeta el calendario tradicional para no alterar la protección que la tradición atribuye a la cruz.
Candida comentó que durante toda su vida ha sido testigo de la procesión, el recorrido hacia la cumbre toma aproximadamente una hora de subida y es más rápido de regreso. Hay dos cruces de madera que se trasladan en procesión, mientras que una tercera, de piedra, permanece en su sitio como testigo permanente. Las de madera son cargadas únicamente por hombres, costumbre que se ha respetado sin excepción, según señala Mendoza Trejo.
Afirmaron que a pesar de la distancia y la dificultad para subir algunas cosas para la fiesta se hace en grande, concursos de huapango, bailes, venta de comida típica —tamales de pescado, barbacoa, carnitas, pollo enchilado— e incluso juegos mecánicos que suben por el camino, el cual ha sido ampliado poco a poco, aunque sigue siendo en su mayoría vereda.
La gente lleva su agua y su comida, pues todo cuesta más en la cumbre. El párroco acompaña ahora caminando junto a los fieles, aunque antes se le veía llegar en vehículo.
Cooperación y devoción
Afirmaron que las aportaciones de los creyentes sostienen las fiestas: la principal, la de mayo, requiere 300 pesos por persona; otras celebraciones del año suman 200. Quien no coopera en su momento, paga el doble al siguiente. La devoción convoca a personas de Remedios, Orizabita y comunidades lejanas, muchos de los cuales llegan caminando desde sus pueblos.
«Vienen con fe. Muchos vienen de muy lejos a pie. Eso es lo que hace que sea milagrosa», expresó Cándida Mendoza Trejo, quien ha vivido esta tradición toda su vida.
Lejos, pero presentes
La tradición también tiene su eco más allá de las fronteras. Los hijos de muchas familias emigraron hace más de 20 años a Estados Unidos y, aunque ya echaron raíces allá, sus pensamientos siguen en el pueblo. «Quisiera que vinieran, pero ya es difícil», comentó la entrevistada refiriéndose a sus hijos
Y para quienes aún no conocen la cumbre, la invitación está hecha: no se necesita gran condición física, dice Cándida Mendoza Trejo, quien conoce bien el camino, solo voluntad. Llevar agua, algo de comer y, sobre todo, el deseo de conocer una de las tradiciones más vivas del Valle del Mezquital.














